charo garaigorta. explicación aeropuertos

Charo Garaigorta. GUARDA COME DONDOLO[1]

Empecé a hacer estos dibujos en NY, pero la serie se desarrolla fundamentalmente a lo largo de estos dos últimos años, primordiales para mí, puesto que suponen un cambio radical de vida: de NY —donde viví catorce años— a mi “casa”. Ahora estoy aquí y allí, física y mentalmente. Los dibujos a primera vista parecen una cosa —híbridos entre el reino animal y vegetal—, formas familiares que podemos de alguna manera concebir. Una segunda mirada nos lleva a ver otra cosa: una mujer con los brazos enroscados alrededor de su cuerpo; no se puede mover, está atada. El cuerpo de esa mujer se repite y repite hasta que pierde su identidad, dando una sensación de que evoluciona hacia el polo opuesto: movimiento, velocidad, anonimato. De una figura atada, estática, a otra dinámica. Existen diferentes mujeres/módulos jugando distintos roles; no todas están atadas. También he elegido a la persona, el cuerpo, como módulo de construcción de los dibujos “porque el sexo es universal, es una fuerza vital, el simple hecho de que estemos aquí”[2].

En un principio estos dibujos eran grandes, de dos, tres o más metros. Tenía un rollo de mylar en un borde de la mesa y dibujaba metros y metros hasta que decidía cortarlo y, por lo tanto, terminarlo. Dentro de un mundo tan confuso, donde lo único que nos mantiene vivos es la duda, me parecía interesante, y hasta con cierto grado de humor, determinar por dónde darle el corte al dibujo y así determinar su fin. Ahora estoy trabajando con la serie “aeropuertos”, que a su vez esta compuesta por distintas series: “go, run!”, “time & fear”, “please think”.

Esta idea surge cuando vengo a España a vivir y tengo menos tiempo para mi obra. Viajo bastante y mi trabajo en la educación se hace muy absorbente. Decido que de algún modo tengo que reciclar todos los momentos de mis días, sean como fueran, recoger esa experiencia e información para los dibujos. Son dibujos que están construidos con planos reales y fotografías de aeropuertos que recojo cuando viajo. Los manipulo y transformo creando unas construcciones imaginarias donde los aviones con formas humanas despegan y aterrizan creando sus propias coreografías. El protagonismo que tiene el ornamento es intencional. El ornamento permite entrar y salir de diferentes mundos. Pienso en las coreografías de los musicales de Hollywood de los años 40, en los manuscritos medievales, persas y celtas, y en general toda la tradición decorativa en la historia del arte, mezclada con un acercamiento al mundo científico. En todos estos casos la repetición funciona como un aspecto de la construcción. A mí me interesa su aspecto conceptual, de repetición, del keep on going. La persistencia como motor del artista, ¿Qué haríamos los artistas sin tanta tenacidad?

Considero que están conectados con el resto de mi obra, no tanto a nivel formal sino en cuanto suponen una forma de reconectar la idiosincrasia formal de los elementos escultóricos de otros trabajos con una plástica más gráfica, identificable en un primer momento, pero que se pierde en una segunda lectura en un mar de formas y referencias que interconectan mundos muy distintos. Los dibujos son más mentales, las esculturas más físicas: son una extensión de la mente por el espacio. La fiebre de la euforia personal en un mundo en el que hay que combinar y recombinar siempre lo personal con lo “profesional”, forma y función de los individuos, y el deseo innato a querer darse siempre a la fuga. Una cuestión muy subjetiva y personal, pero por otro lado absolutamente susceptible de ser “traducida” a un terreno común comunicable más allá de mi experiencia. Una experiencia marcada siempre por ese continuo flujo entre mi identidad como artista, por un lado, y mi actividad como educadora en un museo; marcada también por la intensidad de una búsqueda que implica el cambio de lugar, la vida en otra parte, el deseo de ser miembro de una comunidad abierta, híbrida, en una ciudad en constante flujo como es NY y la conciencia real y siempre presente de lo propio, ser del lugar del que uno proviene, de ser vasca, con las contradicciones y las pulsiones, mentales y físicas, que esto provoca en mi obra y en mi biografía.

El dibujo es para mí una forma de pensar y una forma de observarme a mí misma pensando.

Con la cortesía de Rekalde

[1] El título está tomado de una canción de los 50 de Edoardo Vianello,

[2] Allison Peters en Flesh and Fluids, ccs, Bard College, NY, 2001.